La luna, la reja y yo
no tenemos nada que hacer esta noche
por eso te invitamos a un recorrido
por mi regreso
traje en la mochila
un par de versos
hojas de álamo
y el olor del eucaliptus aquel donde nos sentamos
dejé la llanura esparcida sobre la mesa
y un par de vasos apilados
(la vuelta es un murmullo del pasado en las puertas del horizonte)
después algo de silencio se entremezcló entre nosotros
y el olvido que falta.
Pero, acá, querida vos y yo sabemos
que la desubicada es la reja.
La desubicada es la reja.
sábado, diciembre 26, 2009
sábado, diciembre 19, 2009
Últimos poemas
ingreso 25
es difícil evitar el ruido
cascaritas levantamos, al pasar
palabras propias de
en una habitación de paredes altas
la mirada se extiende y comprime con mayor intensidad
-es la noche más fría del año dijo al abrir la puerta y en el agosto más duro,
cristal en los ojos
que el tiempo deja.
dormí bien ese día.
Los otros como si la parca sirviera el café
se espantaron al verlo
pero nosotros sabemos que la muerte
no es así, circunstancial sino absoluta.
Sin juegos te quiere la muerte, no distraído al ras del suelo
no cabizbajo pidiendo disculpas.
A cielo abierto te quiere
y a ver quién desenvaina primero.
-------------------------------------------------------------------------------------
Hay que volver a despotricar
decía el viejo y hacía a sí con la mano
para acomodar el banquito
toda la vida en esa vereda de sombras el tiempo -decía-es amarillo tornasolado como el ruido de hojas que caen
hojas, ideas
el tiempo es el que mira, decía y con el bastón señalaba los árboles
después árboles menos más hojas en la mirada del viejo
y lo que queda
eternidad tiempo
las palabras.
es difícil evitar el ruido
cascaritas levantamos, al pasar
palabras propias de
en una habitación de paredes altas
la mirada se extiende y comprime con mayor intensidad
-es la noche más fría del año dijo al abrir la puerta y en el agosto más duro,
cristal en los ojos
que el tiempo deja.
dormí bien ese día.
Los otros como si la parca sirviera el café
se espantaron al verlo
pero nosotros sabemos que la muerte
no es así, circunstancial sino absoluta.
Sin juegos te quiere la muerte, no distraído al ras del suelo
no cabizbajo pidiendo disculpas.
A cielo abierto te quiere
y a ver quién desenvaina primero.
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Hay que volver a despotricar
decía el viejo y hacía a sí con la mano
para acomodar el banquito
toda la vida en esa vereda de sombras el tiempo -decía-es amarillo tornasolado como el ruido de hojas que caen
hojas, ideas
el tiempo es el que mira, decía y con el bastón señalaba los árboles
después árboles menos más hojas en la mirada del viejo
y lo que queda
eternidad tiempo
las palabras.
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